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jueves, 6 de junio de 2013

Entrevista con Berta Oliva – COFADEH, Honduras “Honduras se encuentra en estado de S.O.S. internacional en materia de derechos humanos”

Fuente: CONGD

“Camino por la calles de Honduras y por las calles del mundo, llevando conmigo el dolor, el sufrimiento de mi pueblo”. Quien así habla es Berta Oliva, defensora de derechos humanos desde hace más de 30 años, tiempo en el que ha reclamado de manera incansable la reparación de las víctimas, y la justicia. Comenzó en los años 80 cuando, en medio de un clima de brutal represión, su marido -el dirigente político Tomás Nativí- fue detenido y desaparecido. Entonces, junto a otras personas víctimas de la tortura, las desapariciones y los asesinatos, fundó el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH).
Mujer pausada y serena, no le tiembla la voz a la hora de denunciar los abusos de poder y violaciones de los derechos humanos que se están produciendo en su país. Su incansable trabajo en este sentido le ha hecho sufrir múltiples amenazas y hostigamientos. “Hemos aprendido a vivir sin temer a la muerte; no es que no tengamos miedo, sino que debemos trabajar y vivir, luchar siempre a favor de la vida”. De visita en España –de la mano de IEPALA- para denunciar la actual situación de impunidad y violencia en Honduras, conversó con la Coordinadora de ONGD.
Cuando en la década de los 80 comenzaron su trabajo, observaron que además de demandar justicia y verdad para las víctimas, era necesario  posicionar al pueblo hondureño a favor de la memoria histórica. “Esa era la forma de ir educando a la población para el nunca más”. Luchar en un país en el que en aquel momento contaba con siete ejércitos no era fácil. Se trataba de un conflicto ignorado por la comunidad internacional, en donde “pasaba de todo y no pasaba nada”. A pesar de las dificultades, con el paso de los años, han conseguido que la población conozca sus derechos, se empodere y los exija. “Lo constatamos durante y después del golpe militar de 2009: no era el mismo pueblo que teníamos hace 30 años, que entonces corría a esconderse de quienes tenían las armas y el poder. El pueblo de ahora salió a las calles con decisión, claridad y valentía; y se mantuvo en lucha continua, demostrando su indignación y propuesta frente al golpe. Esta conducta colectiva es fruto de la apropiación de derechos y consecuencia de los trabajos que hicimos con la memoria. Y lo más importante de esta gesta es que no se ha hecho con métodos violentos, sino con saberes ancestrales y conocimientos diversos, exigiendo la verdad y el retorno del orden constitucional”.
Human Rigths Watch califica a Honduras como uno de los países más violentos del mundo en el que se están produciendo los recortes en derechos más graves en las últimas tres décadas. Se habla incluso de escuadrones de la muerte y política de limpieza social. Para Berta Oliva “la situación actual es peor que la de hace 30 años porque los niveles de impunidad son mucho más fuertes y se constituyen en política del Estado o, como nosotros decimos, de los escombros del Estado. Los agresores de entonces, que eran agentes investidos de autoridad, han resurgido como asesores en seguridad, entrenadores policiales, analistas políticos en medios de comunicación e incluso como aspirantes a cargos de elección popular, con una desfachatez y un cinismo nunca vistos. Están seguros de su propia impunidad como torturadores, asesinos y criminales de lesa humanidad, porque nunca les pasó nada. Ahora, además de expertos  son demandantes del derecho a elegir y ser electos”.
Los datos de violencia  e impunidad registrados en Honduras se encuentran entre los más elevados del planeta; para Berta Oliva esa situación está directamente relacionada con la institucionalización del crimen. “Honduras está pasando las peores crisis de empobrecimiento extremo y desigualdad; una situación que podría superarse si la violencia no se hubiera convertido en política de Estado. Esa es la gran diferencia con los 80: entonces se perseguía el pensamiento ideológico y se mataba; hoy se persigue el pensamiento ideológico y se mata, pero no se ve. De hecho, el gran peligro que estamos corriendo la mayoría de las personas defensoras de derechos humanos es que nos maten y lo justifiquen por la violencia generalizada, creada precisamente para camuflar la persecución política e ideológica. A veces ni han hecho el trabajo de investigación, ni han levantado el cuerpo, cuando los voceros del Estado de Honduras ya justifican la muerte por supuestos vínculos con la droga o el crimen organizado”.
En este contexto, las maras aparecen como un actor relevante (recientemente las dos principales maras del país –Salvatrucha y Barrio18- han anunciado una tregua cuyas consecuencias tendrán que evaluarse en los próximos meses), con conexiones cuestionadas de manera reiterada por la sociedad civil. “Sí, es cierto, hay maras, pero en realidad son un instrumento del ejército, del Ministerio de Defensa; una política de Estado avalada por EEUU para poder justificar su intervención en Honduras. Las maras no nacen y crecen por sí mismas, son fruto de las prácticas que se implementan a través del gobierno en las secretarías de defensa y policía. Bajo ese esquema permiten que los agentes del Estado justifiquen su ataque a los derechos sociales, civiles y políticos. En nombre de las maras entran a los barrios, a las colonias, a los hogares diciendo que participan en su combate. Con ese discurso han aumentado sus presupuestos y arsenales, haciendo una limpieza social impresionante. Han eliminado algunas maras y han protegido otras que son las que quedan al servicio del ejército y la policía. Este es un problema de ética política de parte de las autoridades de nuestro país, y en este caso específico, de las fuerzas de seguridad y del Ministerio Público”.
En el momento en el que Estados Unidos aparece en la conversación, Berta Oliva se muestra aún más contundente en sus afirmaciones. “Hemos pasado a ser un país tan dependiente de las políticas del imperio que quisiera no haber vivido para verlo, sentirlo; como hondureña me siento realmente humillada y amenazada por sus políticas, que son feroces”.
¿Podría decirse entonces que Honduras es un Estado fallido? “No me atrevo a decir que es un Estado fallido, no me atrevo... ¿Y sabes por qué? Porque Estados Unidos está esperando que reconozcamos ese concepto para intervenir Honduras por la vía militar como lo ha hecho en otros países. Las instituciones de justicia hondureñas son precarias, no funcionan, carecen de legitimidad y confianza. Necesitan no sólo depuración e intervención, sino reconstrucción; pero no una intervención foránea, como ya ocurre en el Ministerio Público, donde el gobierno de Estados Unidos impuso una evaluación que derivó en una comisión con afinidades a su embajada. Esto conduce a colocar a los muertos en condición de indefensión y luego a matarlos una vez más al decir que andaban en esto y en esto, pero nunca por su trabajo en la defensa de los derechos humanos. Convierten a la víctima en victimario y al Estado en víctima de esas personas. La situación es gravísima. Yo nunca creí que viviría lo que sucede en el país, pero afirmar que es un Estado fallido… Ay, voy a pensarlo más, porque declararlo es abrirle la puerta a Estados Unidos para que justifique que Honduras es Haití”.
El día 3 de mayo, el presidente Obama se reunió con los mandatarios centroamericanos para evaluar la guerra contra el narcotráfico en la región. Desde numerosas organizaciones sociales han criticado duramente esta visita por considerar que se trata de una injerencia en asuntos que son propios de Estados soberanos. Hay quien se pregunta si el intervencionismo de EEUU en Honduras es la puerta de entrada a toda la región. Para Berta Oliva “en realidad es la legalización de su Iniciativa Regional de Seguridad para América Central. EEUU ya está en el istmo otra vez, entendiendo la zona como su pieza clave e imponiendo una visión que aumenta el peligro para la población. Y esta situación es especialmente preocupante en el triángulo norte ligado a México, un lamentable ejemplo de la “guerra contra el narcotráfico”, que ha matado a casi 50 mil personas inocentes en cinco años”.
Apoyo internacional
Algunos países apoyan a Honduras con fin de elevar el nivel institucional del gobierno; un apoyo que es duramente criticado por Oliva: “Colaboran, por ejemplo, con el Ministerio Público para capacitar a los fiscales y lo que acabamos teniendo son profesionales corruptos, personas que están al servicio del crimen organizado y la impunidad total; fiscales que, precisamente porque se han capacitado, saben cómo manejarse para justificar los casos en contra de las víctimas y a favor de los victimarios. De esta forma, el lugar donde íbamos a poner nuestras denuncias se ha convertido en una lavandería pública: lavan los casos, las evidencias y hacen que los demandantes de justicia aparezcamos como quienes hemos cometido el error frente a un Estado comprometido con el cambio de las cosas”.
Mientras desgrana las denuncias al gobierno y a los distintos actores que intervienen en el contexto Hondureño, se adentra en sus propias autocríticas; la sociedad civil también tiene una responsabilidad en el asunto. “Como hondureños tenemos la obligación de conocer cuáles son las leyes que nos rigen para implementar el cambio y manejar políticamente un Estado en crisis”. Sólo así podrá hacerse frente a “una intervención que viene de la mano del entreguismo político del presidente del Congreso Nacional, Juan Orlando Hernández, que aspira a ser presidente de la República. Un servilismo político dirigido a limpiar su camino y el de sus camaradas en la campaña electoral y que además permita que la impunidad continúe tal y como está”.
La sentencia contra Ríos Montt se produjo cuando hablamos con la defensora de derechos humanos (días después fue anulada). Su alegría ante la noticia era más que evidente, como también lo eran sus reticencias ante el proceso. “No hay duda que hay que celebrar el juicio. Yo estoy feliz, ¡feliz! Es un triunfo para la gente luchadora de la región. Se certificó que cometió genocidio, y crímenes de lesa humanidad que negó por mucho tiempo. El fallo es un mensaje de aliento, aunque los niveles de impunidad que existen en la región son enormes, por eso hay que esperar porque posiblemente la apelación dé un cambio total a la decisión judicial. Creo que también manda un mensaje de impunidad a los criminales de oficio de Honduras; es decir, les dice que pasarán 40 años y los juzgarán, pero entonces no podrán ir a la cárcel porque las leyes hondureñas no se aplican después de una edad. Y nosotros creemos que la justicia deber ser en tiempo: ahora y no después…”.
La memoria histórica entra de nuevo en la conversación, la importancia de trabajarla en la sociedad porque, según afirma, “la memoria es un látigo (hace un enorme énfasis en esta palabra) potente, poderosísimo, porque todo lo guarda y cuando mira a los criminales es capaz de vencer al peor de ellos. Y de eso nos hemos apoderado en Honduras, por eso los criminales cuando nos miran todavía se sienten desnudos. Así ocurre con un criminal que vino a refugiarse en España cuando se abrieron juicios por las desapariciones forzadas que se cometieron en los años 80 y ahora es candidato a diputado al Congreso Nacional. Se ha unido con su amigo golpista Romeo Vázquez Velázquez. Es así como las cosas están en Honduras: un genocida que ha cometido crímenes de lesa humanidad, experto en desapariciones forzadas y torturas, junto a un criminal que da golpes de Estado; ambos, formados por la Escuela de las Américas… Ese es el probable futuro de Honduras y esa la situación a la que nos enfrentamos”.
Solidaridad de los pueblos
En todos estos años de lucha, COFADEH y otros movimientos similares han recibido el apoyo de organizaciones de distintos lugares del mundo. La solidaridad de los pueblos ha creado lazos que se han mantenido a lo largo de las décadas. “Yo soy una sobreviviente de la solidaridad, no hay duda. Si no hubiera habido la solidaridad que se dio en aquellos tiempos y ahora, no habría sobrevivido. Yo no voy a callarme ni allá ni acá. Pero creo que la solidaridad debe estar más atenta para que pasemos de un estado de emergencia nacional a un S.O.S. internacional para Honduras y para las personas defensoras de derechos humanos. Sólo así vamos a poder sobrevivir porque todo está casi listo y preparado para un caos premeditado aún mayor del que vivimos desde hace cuatro años. Se nos avecinan tiempos peores que los vividos en la década de los 80 o tras el golpe de Estado. Honduras está en el fondo del precipicio y la solidaridad debe estar atenta precisamente ahora que se aproximan las elecciones generales. Se está sufriendo no sólo la impunidad de criminales que asesinan el pensamiento ideológico, sino también una mezcla de narcoactividad y poder, que puede convertirse, si no se ha convertido ya, en un protagonista central del narcoestado. Lo que más hay son armas y lo que menos, comida”.
El 24 de noviembre se celebrarán elecciones en Honduras y Berta Oliva cree que la clave está en actuar en los próximos meses. Reclama la construcción de una estrategia para la región y específicamente para Honduras que garantice una solidaridad en presencia. “Si sólo se hace ese trabajo en los días de las elecciones, observando filas de electores o visitando instituciones públicas, sin asegurar que los militares u otros actores generadores de violencia salgan del protagonismo en las calles, la solidaridad no habrá certificado elecciones legítimas y democráticas. De junio a septiembre sabremos si realmente habrá elecciones o no. Va a ser duro… Mi temor es que provoquen una crisis de tal magnitud que no puedan celebrarse elecciones por crisis de orden mayor -como muertes, secuestros, expatriaciones y todo lo que te puedas imaginar. Y una situación de esas puede convulsionar al pueblo y podría producirse una acción pública sangrienta peor que la que acabamos de vivir en el 2009”.
Las formas de funcionamiento electoral están en peligro, denuncia. “Podría ser la primera vez en la historia democrática de Honduras que el partido nacional estaría en el poder dos periodos consecutivos –siempre ha sido dos periodos el partido liberal y uno el nacional. Yo creo que lo han negociado, pero además, el candidato del partido nacional en el poder no es aún el candidato de la embajada de EEUU y él está empecinado en ser el presidente y que lo será a sangre y fuego. Y el pueblo tiene su candidata, que es Xiomara Castro. Ahí están los principales actores; si no se negocia bien la crisis va a estallar. Así que sé que el único camino es la solidaridad, no creas que no tenemos temor…”
El miedo, el temor a que las amenazas se hagan realidad está siempre presente, aunque, como afirma Berta Oliva, “hemos aprendido a vivir con ello. Tengo a mis hijos allí y quisiera sacarlos por lo menos unos seis meses porque sé cómo operan, sé que golpean donde más duele y a una vieja como yo no vale la pena matarla  pero sí hay otras formas de matar…”
Acabamos la conversación hablado sobre España; ante el recorte de derechos que estamos viviendo, Berta Oliva nos aconseja convencernos de que lo que reclamamos es justo. “Si la reclamación es justa, morir por la exigencia de un derecho o sufrir la privación de las libertades… (respira hondo, mira a un lado, se para). Hay que hacerlo. Si me ponen presa por la reclamación de un derecho, si me privan de la libertad, ahí mismo, en la cárcel, voy a hacer evolucionar a quienes están detenidos; ahí mismo voy a hacer reclamaciones. Si me matan, desde abajo saldré. Cuando digo desde abajo saldré es que la ruta es reclamar derechos justos y humanos, no hay forma que a una la puedan parar cuando está convencida… La fuerza de la gente con la que luchamos es la que nos da la certeza de llegar por fin a la meta. Hay que luchar, es la única forma; no hay que acomodarse nunca. Hay que seguir. Salir a las calles es un deber cuando una siente que lo han pisoteado, que han violado sus derechos. En las calles es dónde está el poder no en las oficinas. Debemos trazar la ruta exigiendo verdad y justicia por las calles de Honduras, por la calles del mundo”.

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* Fundación Paz y Solidaridad - CCOO integra la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España

Entrevista con Berta Oliva – COFADEH, Honduras “Honduras se encuentra en estado de S.O.S. internacional en materia de derechos humanos”

Lo cuenta la Coordinadora de ONGD:


“Camino por la calles de Honduras y por las calles del mundo, llevando conmigo el dolor, el sufrimiento de mi pueblo”. Quien así habla es Berta Oliva, defensora de derechos humanos desde hace más de 30 años, tiempo en el que ha reclamado de manera incansable la reparación de las víctimas, y la justicia. Comenzó en los años 80 cuando, en medio de un clima de brutal represión, su marido -el dirigente político Tomás Nativí- fue detenido y desaparecido. Entonces, junto a otras personas víctimas de la tortura, las desapariciones y los asesinatos, fundó el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH).

Mujer pausada y serena, no le tiembla la voz a la hora de denunciar los abusos de poder y violaciones de los derechos humanos que se están produciendo en su país. Su incansable trabajo en este sentido le ha hecho sufrir múltiples amenazas y hostigamientos. “Hemos aprendido a vivir sin temer a la muerte; no es que no tengamos miedo, sino que debemos trabajar y vivir, luchar siempre a favor de la vida”. De visita en España –de la mano de IEPALA– para denunciar la actual situación de impunidad y violencia en Honduras, conversó con la Coordinadora de ONGD.

Cuando en la década de los 80 comenzaron su trabajo, observaron que además de demandar justicia y verdad para las víctimas, era necesario  posicionar al pueblo hondureño a favor de la memoria histórica. “Esa era la forma de ir educando a la población para el nunca más”. Luchar en un país en el que en aquel momento contaba con siete ejércitos no era fácil. Se trataba de un conflicto ignorado por la comunidad internacional, en donde “pasaba de todo y no pasaba nada”. A pesar de las dificultades, con el paso de los años, han conseguido que la población conozca sus derechos, se empodere y los exija. “Lo constatamos durante y después del golpe militar de 2009: no era el mismo pueblo que teníamos hace 30 años, que entonces corría a esconderse de quienes tenían las armas y el poder. El pueblo de ahora salió a las calles con decisión, claridad y valentía; y se mantuvo en lucha continua, demostrando su indignación y propuesta frente al golpe. Esta conducta colectiva es fruto de la apropiación de derechos y consecuencia de los trabajos que hicimos con la memoria. Y lo más importante de esta gesta es que no se ha hecho con métodos violentos, sino con saberes ancestrales y conocimientos diversos, exigiendo la verdad y el retorno del orden constitucional”.

Human Rigths Watch califica a Honduras como uno de los países más violentos del mundo en el que se están produciendo los recortes en derechos más graves en las últimas tres décadas. Se habla incluso de escuadrones de la muerte y política de limpieza social. Para Berta Oliva “la situación actual es peor que la de hace 30 años porque los niveles de impunidad son mucho más fuertes y se constituyen en política del Estado o, como nosotros decimos, de los escombros del Estado. Los agresores de entonces, que eran agentes investidos de autoridad, han resurgido como asesores en seguridad, entrenadores policiales, analistas políticos en medios de comunicación e incluso como aspirantes a cargos de elección popular, con una desfachatez y un cinismo nunca vistos. Están seguros de su propia impunidad como torturadores, asesinos y criminales de lesa humanidad, porque nunca les pasó nada. Ahora, además de expertos  son demandantes del derecho a elegir y ser electos”.

Los datos de violencia  e impunidad registrados en Honduras se encuentran entre los más elevados del planeta; para Berta Oliva esa situación está directamente relacionada con la institucionalización del crimen. “Honduras está pasando las peores crisis de empobrecimiento extremo y desigualdad; una situación que podría superarse si la violencia no se hubiera convertido en política de Estado. Esa es la gran diferencia con los 80: entonces se perseguía el pensamiento ideológico y se mataba; hoy se persigue el pensamiento ideológico y se mata, pero no se ve. De hecho, el gran peligro que estamos corriendo la mayoría de las personas defensoras de derechos humanos es que nos maten y lo justifiquen por la violencia generalizada, creada precisamente para camuflar la persecución política e ideológica. A veces ni han hecho el trabajo de investigación, ni han levantado el cuerpo, cuando los voceros del Estado de Honduras ya justifican la muerte por supuestos vínculos con la droga o el crimen organizado”.

En este contexto, las maras aparecen como un actor relevante (recientemente las dos principales maras del país –Salvatrucha y Barrio18- han anunciado una tregua cuyas consecuencias tendrán que evaluarse en los próximos meses), con conexiones cuestionadas de manera reiterada por la sociedad civil. “Sí, es cierto, hay maras, pero en realidad son un instrumento del ejército, del Ministerio de Defensa; una política de Estado avalada por EEUU para poder justificar su intervención en Honduras. Las maras no nacen y crecen por sí mismas, son fruto de las prácticas que se implementan a través del gobierno en las secretarías de defensa y policía. Bajo ese esquema permiten que los agentes del Estado justifiquen su ataque a los derechos sociales, civiles y políticos. En nombre de las maras entran a los barrios, a las colonias, a los hogares diciendo que participan en su combate. Con ese discurso han aumentado sus presupuestos y arsenales, haciendo una limpieza social impresionante. Han eliminado algunas maras y han protegido otras que son las que quedan al servicio del ejército y la policía. Este es un problema de ética política de parte de las autoridades de nuestro país, y en este caso específico, de las fuerzas de seguridad y del Ministerio Público”.

En el momento en el que Estados Unidos aparece en la conversación, Berta Oliva se muestra aún más contundente en sus afirmaciones. “Hemos pasado a ser un país tan dependiente de las políticas del imperio que quisiera no haber vivido para verlo, sentirlo; como hondureña me siento realmente humillada y amenazada por sus políticas, que son feroces”.

¿Podría decirse entonces que Honduras es un Estado fallido? “No me atrevo a decir que es un Estado fallido, no me atrevo… ¿Y sabes por qué? Porque Estados Unidos está esperando que reconozcamos ese concepto para intervenir Honduras por la vía militar como lo ha hecho en otros países. Las instituciones de justicia hondureñas son precarias, no funcionan, carecen de legitimidad y confianza. Necesitan no sólo depuración e intervención, sino reconstrucción; pero no una intervención foránea, como ya ocurre en el Ministerio Público, donde el gobierno de Estados Unidos impuso una evaluación que derivó en una comisión con afinidades a su embajada. Esto conduce a colocar a los muertos en condición de indefensión y luego a matarlos una vez más al decir que andaban en esto y en esto, pero nunca por su trabajo en la defensa de los derechos humanos. Convierten a la víctima en victimario y al Estado en víctima de esas personas. La situación es gravísima. Yo nunca creí que viviría lo que sucede en el país, pero afirmar que es un Estado fallido… Ay, voy a pensarlo más, porque declararlo es abrirle la puerta a Estados Unidos para que justifique que Honduras es Haití”.

El día 3 de mayo, el presidente Obama se reunió con los mandatarios centroamericanos para evaluar la guerra contra el narcotráfico en la región. Desde numerosas organizaciones sociales han criticado duramente esta visita por considerar que se trata de una injerencia en asuntos que son propios de Estados soberanos. Hay quien se pregunta si el intervencionismo de EEUU en Honduras es la puerta de entrada a toda la región. Para Berta Oliva “en realidad es la legalización de su Iniciativa Regional de Seguridad para América Central. EEUU ya está en el istmo otra vez, entendiendo la zona como su pieza clave e imponiendo una visión que aumenta el peligro para la población. Y esta situación es especialmente preocupante en el triángulo norte ligado a México, un lamentable ejemplo de la “guerra contra el narcotráfico”, que ha matado a casi 50 mil personas inocentes en cinco años”.

Apoyo internacional

Algunos países apoyan a Honduras con fin de elevar el nivel institucional del gobierno; un apoyo que es duramente criticado por Oliva: “Colaboran, por ejemplo, con el Ministerio Público para capacitar a los fiscales y lo que acabamos teniendo son profesionales corruptos, personas que están al servicio del crimen organizado y la impunidad total; fiscales que, precisamente porque se han capacitado, saben cómo manejarse para justificar los casos en contra de las víctimas y a favor de los victimarios. De esta forma, el lugar donde íbamos a poner nuestras denuncias se ha convertido en una lavandería pública: lavan los casos, las evidencias y hacen que los demandantes de justicia aparezcamos como quienes hemos cometido el error frente a un Estado comprometido con el cambio de las cosas”.

Mientras desgrana las denuncias al gobierno y a los distintos actores que intervienen en el contexto Hondureño, se adentra en sus propias autocríticas; la sociedad civil también tiene una responsabilidad en el asunto. “Como hondureños tenemos la obligación de conocer cuáles son las leyes que nos rigen para implementar el cambio y manejar políticamente un Estado en crisis”. Sólo así podrá hacerse frente a “una intervención que viene de la mano del entreguismo político del presidente del Congreso Nacional, Juan Orlando Hernández, que aspira a ser presidente de la República. Un servilismo político dirigido a limpiar su camino y el de sus camaradas en la campaña electoral y que además permita que la impunidad continúe tal y como está”.

La sentencia contra Ríos Montt se produjo cuando hablamos con la defensora de derechos humanos (días después fue anulada). Su alegría ante la noticia era más que evidente, como también lo eran sus reticencias ante el proceso. “No hay duda que hay que celebrar el juicio. Yo estoy feliz, ¡feliz! Es un triunfo para la gente luchadora de la región. Se certificó que cometió genocidio, y crímenes de lesa humanidad que negó por mucho tiempo. El fallo es un mensaje de aliento, aunque los niveles de impunidad que existen en la región son enormes, por eso hay que esperar porque posiblemente la apelación dé un cambio total a la decisión judicial. Creo que también manda un mensaje de impunidad a los criminales de oficio de Honduras; es decir, les dice que pasarán 40 años y los juzgarán, pero entonces no podrán ir a la cárcel porque las leyes hondureñas no se aplican después de una edad. Y nosotros creemos que la justicia deber ser en tiempo: ahora y no después…”.

La memoria histórica entra de nuevo en la conversación, la importancia de trabajarla en la sociedad porque, según afirma, “la memoria es un látigo (hace un enorme énfasis en esta palabra) potente, poderosísimo, porque todo lo guarda y cuando mira a los criminales es capaz de vencer al peor de ellos. Y de eso nos hemos apoderado en Honduras, por eso los criminales cuando nos miran todavía se sienten desnudos. Así ocurre con un criminal que vino a refugiarse en España cuando se abrieron juicios por las desapariciones forzadas que se cometieron en los años 80 y ahora es candidato a diputado al Congreso Nacional. Se ha unido con su amigo golpista Romeo Vázquez Velázquez. Es así como las cosas están en Honduras: un genocida que ha cometido crímenes de lesa humanidad, experto en desapariciones forzadas y torturas, junto a un criminal que da golpes de Estado; ambos, formados por la Escuela de las Américas… Ese es el probable futuro de Honduras y esa la situación a la que nos enfrentamos”.

Solidaridad de los pueblos

En todos estos años de lucha, COFADEH y otros movimientos similares han recibido el apoyo de organizaciones de distintos lugares del mundo. La solidaridad de los pueblos ha creado lazos que se han mantenido a lo largo de las décadas. “Yo soy una sobreviviente de la solidaridad, no hay duda. Si no hubiera habido la solidaridad que se dio en aquellos tiempos y ahora, no habría sobrevivido. Yo no voy a callarme ni allá ni acá. Pero creo que la solidaridad debe estar más atenta para que pasemos de un estado de emergencia nacional a un S.O.S. internacional para Honduras y para las personas defensoras de derechos humanos. Sólo así vamos a poder sobrevivir porque todo está casi listo y preparado para un caos premeditado aún mayor del que vivimos desde hace cuatro años. Se nos avecinan tiempos peores que los vividos en la década de los 80 o tras el golpe de Estado. Honduras está en el fondo del precipicio y la solidaridad debe estar atenta precisamente ahora que se aproximan las elecciones generales. Se está sufriendo no sólo la impunidad de criminales que asesinan el pensamiento ideológico, sino también una mezcla de narcoactividad y poder, que puede convertirse, si no se ha convertido ya, en un protagonista central del narcoestado. Lo que más hay son armas y lo que menos, comida”.

El 24 de noviembre se celebrarán elecciones en Honduras y Berta Oliva cree que la clave está en actuar en los próximos meses. Reclama la construcción de una estrategia para la región y específicamente para Honduras que garantice una solidaridad en presencia. “Si sólo se hace ese trabajo en los días de las elecciones, observando filas de electores o visitando instituciones públicas, sin asegurar que los militares u otros actores generadores de violencia salgan del protagonismo en las calles, la solidaridad no habrá certificado elecciones legítimas y democráticas. De junio a septiembre sabremos si realmente habrá elecciones o no. Va a ser duro… Mi temor es que provoquen una crisis de tal magnitud que no puedan celebrarse elecciones por crisis de orden mayor -como muertes, secuestros, expatriaciones y todo lo que te puedas imaginar. Y una situación de esas puede convulsionar al pueblo y podría producirse una acción pública sangrienta peor que la que acabamos de vivir en el 2009”.

Las formas de funcionamiento electoral están en peligro, denuncia. “Podría ser la primera vez en la historia democrática de Honduras que el partido nacional estaría en el poder dos periodos consecutivos –siempre ha sido dos periodos el partido liberal y uno el nacional. Yo creo que lo han negociado, pero además, el candidato del partido nacional en el poder no es aún el candidato de la embajada de EEUU y él está empecinado en ser el presidente y que lo será a sangre y fuego. Y el pueblo tiene su candidata, que es Xiomara Castro. Ahí están los principales actores; si no se negocia bien la crisis va a estallar. Así que sé que el único camino es la solidaridad, no creas que no tenemos temor…”

El miedo, el temor a que las amenazas se hagan realidad está siempre presente, aunque, como afirma Berta Oliva, “hemos aprendido a vivir con ello. Tengo a mis hijos allí y quisiera sacarlos por lo menos unos seis meses porque sé cómo operan, sé que golpean donde más duele y a una vieja como yo no vale la pena matarla  pero sí hay otras formas de matar…”

Acabamos la conversación hablado sobre España; ante el recorte de derechos que estamos viviendo, Berta Oliva nos aconseja convencernos de que lo que reclamamos es justo. “Si la reclamación es justa, morir por la exigencia de un derecho o sufrir la privación de las libertades… (respira hondo, mira a un lado, se para). Hay que hacerlo. Si me ponen presa por la reclamación de un derecho, si me privan de la libertad, ahí mismo, en la cárcel, voy a hacer evolucionar a quienes están detenidos; ahí mismo voy a hacer reclamaciones. Si me matan, desde abajo saldré. Cuando digo desde abajo saldré es que la ruta es reclamar derechos justos y humanos, no hay forma que a una la puedan parar cuando está convencida… La fuerza de la gente con la que luchamos es la que nos da la certeza de llegar por fin a la meta. Hay que luchar, es la única formano hay que acomodarse nunca. Hay que seguir. Salir a las calles es un deber cuando una siente que lo han pisoteado, que han violado sus derechosEn las calles es dónde está el poder no en las oficinas. Debemos trazar la ruta exigiendo verdad y justicia por las calles de Honduras, por la calles del mundo”.

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* Fundación Paz y Solidaridad - CCOO integra la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España

jueves, 25 de noviembre de 2010

Ricardo acaba de conseguir asilo político en España: "En parte han logrado asesinarme: me han apartado del camino"

Fuente: Periodismo Humano

Es callado, tímido. Lleva unos 30 minutos en la sala y nadie ha reparado en él. Viste un polo de manga larga, discreto, unos pantalones marrones ni nuevos ni viejos. Es (o está) muy delgado, y aunque mira con atención a las conversaciones que tiene alrededor algo en sus ojos te dice que lo hace más bien por educación y que no está entendiendo gran cosa. Alguien comenta en voz baja: “oye, y este chico hindú, ¿quién es?”.
Su piel es tostada, de un tono mate, y su mandíbula hace ángulo y se desvía ligeramente a la izquierda cuando aprieta los dientes; su pelo es muy negro, denso, corto por los lados, más largo en la parte superior de la cabeza. Pero no es hindú, no. Es hondureño y se llama Ricardo. El día de su 42 cumpleaños, el 13 de abril de 2010, lo metieron en un avión y lo sacaron de su país rumbo a España; 24 horas antes, una bala había sobrevolado su cabeza.

Los peores cuatro meses de la vida de Ricardo Figueroa comenzaron el 3 de enero de 2010. “Yo estaba en Tegucigalpa e iba para mi trabajo, tranquilo”, y de hecho no aparenta ser un hombre nervioso. “Nunca hasta ese día pensé que podría estar estar en una lista negra”, nos cuenta respirando hondo para recordar cómo en su país había llegado a ser un activista reconocido en la comunidad homosexual. “Comenzamos con actividades de concienciación sobre el SIDA. Pero de ahí pasamos a reclamar la visibilidad social de los homosexuales, y a defender su particicipación política y ciudadana”. Cuando fructificó el golpe de Estado militar del 28 de junio de 2009, que impulsó meses después unas elecciones tuteladas por el Ejército, “Honduras se convirtió en un país dirigido por homófobos” y Ricardo consideró que el paso natural del colectivo LGTB era implicarse en la oposición política.

Aquel 3 de enero iba “de camino a la oficina y paré en un mercado a esperar que abrieran. Se acercó un hombre, vestido de civil pero con actitudes militares”. La fragilidad y la timidez del Ricardo de las apariencias van dejando paso a un hombre seguro manejando palabras. “Se para a mi lado y comienza a preguntarme por cuestiones triviales, partidos de fútbol y alguna anécdota de la plaza donde estábamos. Al cabo de un rato, me menciona el golpe de Estado, que qué me parece”. Ricardo contesta que no tiene ningún punto de vista al respecto, que no es político ni trabaja en “esas cosas”, que a él no le gusta discutir “ni de fútbol, ni de religión, ni de política”. A pesar de que “yo me intentaba zafar del tema, él volvía. Me hacía preguntas sobre si yo pertenecía a la resistencia… Me di cuenta de que aquello era un interrogatorio”. Ricardo se despide de su interlocutor intentando contener las prisas por salir de allí. Cuando lo intenta, éste le agarra del brazo y cambia el tono: “Sabemos dónde vives, conocemos tu barrio, sabemos todo de ti, Ricardo”.

Aparecieron unas chicas en la plaza, “era mi oportunidad para desconcertarle: le abracé, incluso le di un beso. Él me empujó y salí corriendo”. Pocas horas después la organización de derechos humanos hondureña COFADEH anotaba el nombre de Ricardo en la lista de amenazados. La visita en el mercado no había constituido una anécdota. Varias ONG internacionales han denunciado la ola de asesinatos contra homosexuales y transexuales en Honduras, recrudecida desde el golpe. “Lo que diferencia nuestro caso del de otros colectivos de oposición es que hay un agravante de odio por nuestra condición sexual; con nosotros se ceban, son crímenes más sádicos. Además de ser asesinado, a un compañero de mi organización, Walter Trochas, lo secuestraron en tres ocasiones, lo torturaron y le cortaron la lengua”, dice. “Conocemos varios casos más de personas a las que les han cortado los genitales”.
El incidente del mercado abrió a la paranoia las puertas de la mente de Ricardo. “Entras en bloqueo emocional, le tienes pánico a la gente, te alejas de tus amigos, comienza la psicosis. No te encuentras a gusto con nadie y a la vez no quieres estar sólo en la calle”. ¿Por qué a mi?, había llegado el momento de hacerse esa pregunta: “Mi perfil activista no es tan alto como para esto”, pensó y sigue pensando ahora. Y añade sin estar seguro de si debe contarlo: “teníamos un infiltrado: un español que a nosotros nos dijo que era periodista, que nos apoyaba desde dentro, y que en realidad nos estaba espiando, dando informes de mis rutinas y las de Walter”.
Hay que hacer vida, se dijo. Pero poco más de un mes después, otro susto. “Otra vez en frente del trabajo, dos hombres se bajan de una camioneta de cristales oscuros”. Los policías le piden el carné de indetidad, y “sin casi mirarlo”, le solicitan que les acompañe porque había un problemilla con el documento. “Yo les pedí que me permitieran hacer una llamada y ellos me respondieron ‘no, no, pero si esto no es una detención, es sólo para arreglarte el problema…’. Yo insistí en que me dejaran llamar a COFADEH y, al nombrar a la organización, se les cambió la cara. ‘No, no tienes ningún problema, te puedes ir…’”. Cuando se dieron media vuelta, Ricardo asegura que les escuchó decir: “ya van dos, a la tercera va la vencida”.
La familia de Ricardo, sus padres, sus hermanos, sus sobrinos, no sabían nada de su activismo, “yo llevaba tiempo viviendo lejos de ellos y no quise preocuparles”. Eso explica su reacción en lo que Ricardo llama “el tercer intento de secuestro”. Estaba en casa de su madre, a finales de febrero. Suena el teléfono: “Ricardo, la camioneta”, la de los cristales oscuros, “está aquí, no salgas”. A pesar del consejo de su amigo desde algún lugar del barrio, “yo estaba con mi madre y preferí salir; si me pasaba algo, que me pasara en la calle, a mí solo”. Mientras tanto, un grupo de amigos de Ricardo empieza a reunir gente en la calle “con el pretexto de jugar al fútbol” pero con el objetivo real de disuadir a los visitantes, por acumulación de testigos. Lo consiguieron. La camioneta de los cristales tintados arrancó y se fue. Al día siguiente, Ricardo debería dejarlo todo para esconderse durante en una pequeña aldea en la montaña.
Ricardo permaneció dos meses en la montaña, justo hasta “el día en que quisieron asesinarme”. El día antes de su cumpleaños, el 12 de abril, se cruzó en un camino de tierra con una mujer de la aldea. Nada raro hasta que sus ojos expresaron alerta y el miedo volvió a activar sus resortes; Ricardo miró hacia atrás y pudo ver a dos personas en una motocicleta. “Sacaron un arma, apuntaron hacia mi, y me tiré al suelo. Dispararon”, y la voz se le hace oscura, “dispararon pero no me dieron. Pasaron con la moto junto a mi y siguieron, se fueron”.
Bonito aniversario para Ricardo Figueroa. “No se podía esperar más, me dijeron. Al día siguiente, el 13 de abril de 2010, cumplí años volando hacia España para solicitar asilo político”. En este momento de la conversación Ricardo nombra a una persona que no había aparecido en el relato: su novio. “Llevaba 5 años viviendo con él y no pude ni despedirme”, y de pronto el drama del amor se antoja más tremendo que el de las pistolas y los cristales tintados. “Las primeras semanas intentamos conservar lo que teníamos, pero fue imposible, yo no voy a poder volver y hablar nos lo hacía más difícil a los dos. Es el punto y final”. Y siente que escapar con vida es en parte una derrota: “Lo he tenido que dejar todo, me han dejado sin nada. En parte han logrado asesinarme, porque me han apartado del camino“.

El trámite definitivo para obtener el asilo político terminó hace un mes. Vive en Mérida e intenta reconstruir su vida en un país en el que nunca se había planteado vivir: “Yo jamás me había planteado emigrar a España, si lo pienso no sé qué hago aquí. No es una decisión tomada voluntariamente por motivos económicos, por ejemplo. Ahora tengo que construir todo de nuevo”…

¿Activismo? ¿política? ¿derechos de los homosexuales? “Cuando llegué quise dedicarme a la vida sencilla, no complicarme más la vida, no más. Pero tengo a CEAR Extremadura apoyándome, tengo a la Fundación Triángulo conmigo, y tengo a un país, España, que me protege; ahora no me veo abandonando la trayectoria de defensa de derechos humanos que ha sido mi vida. Desde aquí intentaré ayudar en lo que pueda a la gente de Honduras”, aunque su organización haya sido desmantelada y aunque otro compañero suyo haya sido encontrado muerto tras un mes desaparecido.
Ricardo va aceptando su nueva vida despacio, soltando las amarras cuando ya no queda más remedio. “Mi familia se enteró de que yo era activista de la comunidad LGTB, de que me habían amenazado e intentado asesinarme y de que me había refugiado en España cuando yo ya llevaba un mes aquí”. Trató de ocultar los cuatro meses más difíciles de su vida. “Mis amigos me han dicho que ya los han dejado en paz, que por la casa de mi madre ya no se ve la camioneta de los cristales oscuros”.

miércoles, 31 de diciembre de 2003

Programa CCOO para la defensa de los derechos humanos en Honduras

Fuente outro mundo é posible, páxinas da Fundación Paz e Solidariedade

La Fundación Paz y Solidaridad de CCOO en Galicia ha inicado un Programa para la defensa de los derechos humanos en Honduras con el Comité de Familiares de Desaparecidos de Honduras, COFADEH, como contraparte.

Este proyecto pretende contribuir al desarrollo de una cultura basada en el respeto hacia los derechos humanos, para apoyar la consolidación de un estado de derecho a través de un programa de formación y asistencia legal dirigido a víctimas y familiares de desaparecidos, líderes comunitarios y religiosos, autoridades municipales, maestros, estudiantes y policías.

lunes, 18 de mayo de 1998

Situación de Bertha Oliva de Nativí y otros dirigentes del COFADEH

VI Legislatura - Pregunta al Gobierno con respuesta escrita.
Interés del Gobierno por la situación de Bertha Oliva de Nativí y otros dirigentes del Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Honduras. (184/018330)
Presentado el 18/05/1998 , calificado el 27/05/1998
184/018330

A la Mesa del Congreso de los Diputados

Al amparo de lo establecido en el Reglamento de la Cámara, se presenta la siguiente pregunta que formula al Gobierno el Diputado Manuel Francisco Alcaraz Ramos, del Grupo Mixto (Partido Democrático de la Nueva Izquierda), y para la que se solicita respuesta escrita.

Bertha Oliva de Nativí y otros dirigentes del Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Honduras están sufriendo amenazas y presiones.

¿Se ha interesado el Gobierno por esta situación?

Palacio del Congreso de los Diputados, 14 de mayo de 1998.
--Manuel Francisco Alcaraz Ramos.
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Respuesta

El Gobierno comparte la preocupación por los actos de hostigamiento que padecen los defensores de los Derechos Humanos, particularmente en el caso de Honduras señalado por Su Señoría.

Hace aproximadamente un año, la Coordinadora General del Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras (COFADEH), doña Bertha Oliva de Nativí visitó al Embajador de España en Tegucigalpa para exponerle la situación de intimidación y amenazas, de las que tanto ella como alguno de los miembros de su organización habían sido objeto.

En aquella ocasión se le dio conocimiento del programa existente en el Ministerio de Asuntos Exteriores, para procurar solucionar el problema de las personas en situación de especial peligro en sus países de origen, por su labor en defensa de los Derechos Humanos, y se le expuso la eventual posibilidad de estudiar su caso para ofrecerle ayuda.

La coordinadora del COFADEH agradeció este ofrecimiento, pero no volvió a hacer ningún planteamiento o a transmitir expresión de preocupación al Embajador español.

Hace algunas semanas solicitó visitar nuevamente al Embajador de España, excusándose a última hora por no poder acudir a la cita concertada, sin que haya vuelto a solicitar otra reunión, pese a la disposición a celebrar la misma que se le transmitió.

Con todo y a pesar de sus evidentes limitaciones, es preciso tener en cuenta que Honduras es un estado democrático y soberano, con un compromiso creciente en materia de respeto por los Derechos Humanos. 

Ello condiciona enormemente la capacidad española de acción, pero no en absoluto la mejor disposición para apoyar a todas aquellas personas que lo soliciten, por sentirse amenazadas a causa de su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos. Para ello, el Gobierno utiliza todos los mecanismos que existen en el ordenamiento jurídico español.

Madrid, 8 de junio de 1998.-El Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes.
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El texto de la respuesta citada debe ser sustituido por el siguiente:

«Desde el Gobierno se comparte la preocupación por los actos de hostigamiento que padecen los defensores de los Derechos Humanos, particularmente en el caso de Honduras.

La coordinadora general del Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras, doña Bertha Oliva de Nativí, está en contacto con el Embajador de España en Tegucigalpa, que conoce la situación de intimidación y amenazas, de las que tanto ella como alguno de los miembros de su organización han sido objeto. La señora Nativí conoce las posibilidades que ofrece el Ministerio de Asuntos Exteriores español para ayudar a las personas en situación de peligro por su labor en defensa de los Derechos Humanos.

A pesar de la difícil situación que atraviesan los defensores de los Derechos Humanos en Honduras, se trata de un país dotado de instituciones democráticas, e incluso de una Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos. Por ello, se confía en que la sociedad hondureña avance rápidamente en el sentido de la profundización en el respeto de los Derechos Humanos. Con todo, por parte española, siempre habrá la mejor disposición para apoyar a todas aquellas personas que lo soliciten, por sentirse amenazadas a causa de su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos.»

Madrid, 18 de junio de 1998.-El Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes.